Ellas son muy buenas estudiantes. Ellas van a pasar a 4º con una media de sobresaliente. Ellas son responsables y obedientes. Ellas nunca se van de pellas. Ellas no fuman. Ellas son ordenadas. Ellas parece (¿son?) inteligentes. Ellas nunca llegan tarde a casa. Ellas pueden hacer cualquier cuenta de matemáticas. Ellas saben de memoria el libro de Literatura. Ellas lo conocen todo sobre la energía mecánica. Ellas nunca han llevado un suspenso a casa. Ellas parecen (¿son?) perfectas.
Pero ellas no han entendido aún qué es una clase. Ellas no se dan cuenta de que ese grupo no incluye a sus madres. Ellas no son conscientes de que, cuándo el resto de la clase sale a la calle en los recreos, mientras los profesores hacen la vista gorda, las personas más indicadas para solucionar esa “injusticia” no son sus madres.. Ellas aún no han aprendido que, cuándo no coinciden con el resto de la clase para poner fecha a un examen, deben solucionarlo ellas, y no pedir ayuda a sus madres. Ellas todavía no tienen la suficiente cabeza para comprender que si un profesor hace un examen muy largo de contestar, y tiempo muy corto para solucionarlo, pueden ser ellas las encargadas de discutir, no sus madres. Ellas no se dan cuenta de que, cuándo sacan una nota baja injusta en un examen, tienen más derecho a quejarse que sus madres.
Ellas están a punto de cumplir los 16. Ellas están a punto de tener edad para trabajar. Ellas casi pueden ya casarse legalmente. Ellas están a un paso de votar. Ellas casi son ciudadanas por derecho propio.
Pero ellas aún no han aprendido a vivir.

Mucho diez, mucha memoria... ¿y aprender a existir, para cuándo lo dejan?